La sostenibilidad está siendo el escudo del marketing de muchas empresas. Algunas están realmente comprometidas con la causa, otras están simplemente buscando enganchar consumidores.

Al menos me consuela que estamos empezando a ver un cambio que acabará revolucionando la manera que tenemos de consumir.

La eco-nomía

El ecologísmo no es nuevo, tuvo su pico de popularidad en los 60-70, pero  la conciencia social de cuidar el medio ambiente nunca fue tan fuerte como ahora. Es alentador ver como las jóvenes generaciones tienen tan claro su compromiso social y medioambiental.

Los países del primer mundo avanzaron mucho sobre la gestión de residuos, el reciclado y la economía circular, que usa los residuos como fuente de energía o materia prima para reutilizar. Pero aún queda mucho por hacer en país menos desarrollados, sobre todo en Asia, donde cinco países del sudeste asiático -China, Indonesia, Filipinas, Vietnam y Tailandia- produjeron hasta el 60 por ciento de los residuos plásticos que se filtran al mar.

Es probable que en el momento que el reciclaje sea una fuente de trabajo en esos países y pueda generar unos ingresos a personas con unas necesidades básicas por cubrir, esos países empiecen a reaccionar y dejen de destrozar los océanos.

El monstruo del residuo

Los océanos están contaminados, los vertederos cada vez más llenos, pero eso no lo hizo el plástico solo, lo hicimos todos nosotros. Simplemente dejamos que esto ocurra.

El plástico es necesario y está presente desde la medicina hasta la aviación. Hace más accesible los alimentos que consumimos y los conserva más tiempo. Nos permite envasar productos y facilita su dosificación y uso.

No tenemos que terminar con el plástico sino con la cultura de usar y tirar. Los envases plásticos pueden ser durables para reutilizarlos y después reciclados para hacer nuevos. Esto es un tema educacional, debe promoverse desde las instituciones y los organismos gestores de residuo a través de campañas de comunicación efectivas.

Mientras tanto tenemos plástico desparramado por todos lados y tenemos hacer algo con eso… Ya varias empresas han optado por hacer sus productos con plástico reciclado (al menos un porcentaje del total):

Head & Shoulders presentó una botella de hecha con 20% de plástico recolectado de las playas latinoamericanas.

Procter&Gamble lanza una botella de Fairy fabricada 100% de plástico reciclado.

Lanjarón lanza una botella de plástico 100% reciclada y 100% reciclable.

En otros casos los plásticos reciclados se usan para la fabricación de muebles e incluso carreteras!

Las cervezas Mahou y San Miguel utilizan un 85% de vidrio reciclado en sus botellas.

Algunas empresas de Take Away están optando por envases de un sólo uso en pasta de celulosa moldeada biodegradable, que tiene mucho menos impacto medioambiental que el plástico.

Amazon le exige a su vendedores optimizar los espacios y el peso de los productos que vende para economizar energía en los envíos que realiza. ¡Bien, hay que seguir así!

Parece que el vendedor online más grande del mundo puede ejercer más presión sobre las empresas que los mismos gobiernos. Claramente porque es más negocio, pero si el negocio beneficia al cuidado de medio ambiente bienvenido sea.

Pasar a la acción

Podemos exigirle mayor cuidado ambiental a una empresa, que sus productos sean más ecológicos, que sean reciclables o biodegradables, pero si nosotros no hacemos nuestra parte, estos esfuerzos quedan a mitad de camino.

Es nuestra responsabilidad hacer algo en las circunstancias que vivimos y una exigencia de las nuevas generaciones.

La ecología para que realmente funcione necesita que la sociedad tenga la convicción, que para las empresas sea un negocio y para el gobierno una política, aunque sea, para ganar votos. En definitiva, un movimiento global.

Vivamos el presente como el futuro que soñamos.